3/11/19

Apuntes para una historia de los cameranos en Málaga (3 de 3)


Por Fernando Alonso González

LA VIDA DE LOS CAMERANOS EN MÁLAGA

Cuando llegaba a Málaga un camerano, sus propios paisanos le proporcionaban colocación o los contactos para comenzar a labrarse un porvenir. Como dijimos más arriba, encontraban una estrecha solidaridad, cálida humanidad y fraternal compañerismo detrás del mostrador, ya que casi todos se dedicaron a la actividad comercial. En Málaga, la calle más solicitada por los comerciantes era la calle Nueva, en la que en la segunda mitad del siglo XIX el número de tiendas era mayor que el de hoy, ya que la especulación y la escasez de suelo disponible hacía que muchos comercios tuvieran solo unos tres metros de fachada y algunos más de profundidad, lo que daba lugar a unos locales de unos 20 metros cuadrados o poco más. Las tiendas eran pequeñas, con escaso atractivo visual y deficiente iluminación.

A mediados del siglo XIX había en la calle Nueva aproximadamente 70 locales, que actualmente se reducen a unos 38, de los que muy pocos conservan el tamaño original: corresponden a los números 8 y 21 de la calle Nueva. El historiador malagueño Víctor Heredia9 llama a estos pequeños locales de “sala y alcoba” porque, aunque hoy nos parezca sorprendente, eran utilizados también como vivienda, ya que los propietarios y los empleados dormían en la trastienda, a veces en pequeños habitáculos improvisados sin las menores condiciones higiénicas, o incluso detrás de los mostradores en unos colchones que se sacaban debajo de estos.

Los dependientes estaban empadronados debajo del nombre del dueño, algunos de los cuales llegaban cuando eran niños porque sus padres se los encomendaban al dueño para que los hicieran “un hombre”, y permanecían toda la vida en la tienda. Eran una especie de empleados versátiles, ya que atendían al negocio y muchas veces ayudaban también en las labores domésticas. Aquello era su casa y su familia. Después de comer se les ponía una cafetera para que fueran diligentes en su trabajo y, de noche, vino para que no salieran y se durmieran pronto. Las tiendas abrían muy pronto, a las ocho de la mañana o incluso antes, y permanecían abiertas hasta bien entrada la noche, aunque suponemos que los dependientes se turnaban para abrir o cerrar el negocio. Como tampoco descansaban los domingos, unos treinta empleados del comercio textil se declararon en huelga el 26 de julio de 1872 y elevaron a sus jefes un manifiesto en el que pedían descansar los festivos, como ya se hacía en Barcelona o en Sevilla. Todos accedieron a sus peticiones menos tres comerciantes de la calle Nueva, contra los que hubo protestas.10

Lo más sorprendente de todo es que no cobraban mensualidades, sino que el dueño les iba acumulando el dinero año tras año y, tras diez o veinte años de trabajo, lo cobraban todo de golpe y se establecían por su cuenta, ayudados por sus antiguos jefes. Eran otros tiempos...

Clemente Solo de Zaldívar es el último camerano que queda en la calle Nueva y es propietario de Zaldihogar, un negocio textil como el de sus antepasados. Recuerda por tradición familiar algunas anécdotas de esta forma de vida tan sacrificada. Así, era común colocar un paño rojo para indicar que ya podía subir a comer el siguiente dependiente. Muchos eran conocidos por la calle por su peculiar forma de andar, como si fueran “limpiando” la calle ya que, de tantas horas que pasaban detrás del mostrador pegando los pies a este, andaban con los pies en ángulo recto. Algunos recibían el domingo una pequeña cantidad de dinero para que se tomasen o se comprasen algo y eran tan honrados que devolvían a su jefe lo que les había sobrado. Y así podíamos seguir refiriendo historias y más historias de unos tiempos que ya han caído en el olvido.11

En cuanto a las prácticas comerciales, lo habitual era el regateo pues no existía el precio fijo como hoy. Las prendas no estaban al alcance del público porque podrían deteriorarse o ser sustraídas. Muchas se guardaban en arcas o baúles12, siguiendo la tradición de que “el buen paño en el arca se vende”. Algunos clientes no iban a comprar, sino que acercaban por la tienda para echar un rato de tertulia, para hacer algún encargo o simplemente para pasar la tarde.

Muchos cameranos destacaron por su fino olfato para los negocios. Aunque la mayoría se dedicaron al comercio, fundamentalmente textil, también se ocupaban del préstamo de dinero, en una época en la que todavía no existían los bancos, con lo que algunos amasaron fortunas considerables. Estaban además abiertos a la innovación. Así, algunos diversificaban sus negocios, invirtiendo en comercios pertenecientes a diferentes ramos; otros se centraron en la exportación de productos de la tierra y en la importación de productos extranjeros, por lo que descubrieron ya la importancia de aprender idiomas.

En sus negocios fueron pioneros en la implantación de importantes cambios que se acabarían extendiendo a otros comercios malagueños, tales como marcar con un precio fijo todos los productos que estuviesen a la venta, evitando así el usual regateo; permitir la anulación de la venta si el cliente lo deseaba, devolviéndole el importe de la compra; entregar una comisión sobre las ventas a sus empleados; fijar precios más bajos que otras tiendas; o colocar los artículos en vitrinas o estanterías al alcance del cliente. Estas y otras medidas revolucionaron sus tiendas.

Con su trabajo y esfuerzo, los cameranos se situaban muy pronto. Hemos calculado en unos diez o quince años el tiempo que empleaban en independizarse y establecerse por su cuenta, aunque algunos, como hemos comentado más arriba, permanecían como empleados toda la vida en el mismo comercio, como un miembro más de la familia.

Otro punto común a algunos cameranos es su tendencia a la soltería o a casarse en edad madura. El historiador Manuel Muñoz observó ya “que tenían cierta fobia a pasar por la sacristía”. Nosotros pensamos que su entrega al trabajo era tan intensa que apenas tenían tiempo para enamorarse. Aunque es cierto que algunos se casaron a una edad temprana, otros lo hicieron a una edad ya avanzada para su época y con mujeres que tenían que ser mucho más jóvenes que ellos, si querían engendrar descendencia. Este es el caso de mi bisabuelo, Juan Alonso Cossío, hijo de cameranos, que en 1892 se casó a los 37 años con una chica que tenía veinte años menos y que fue al matrimonio obligada. María del Rosario Jiménez Jiménez era sobrina del apoderado de los Larios y su familia era la propietaria de las bodegas Jiménez y Lamothe, que acabarían comprando los Larios, lo que explica muchas cosas.

Los cameranos malagueños veneraban a la Virgen de Valvanera, de la que son muy devotos en La Rioja. Sabemos por el Archivo Díaz de Escovar que se le rendía culto en la iglesia de San Agustín. Existió en Málaga una Real y Canónica Congregación de María Santísima de Valvanera de la que en 1856 fue Hermano Mayor José Martínez de Hurtado; Consiliario Primero, Martín Larios Herreros; Consiliario Segundo, Tomás Heredia Livermore; y miembros de la Junta de Gobierno otros cameranos como Luciano Martínez de Llera. En la iglesia de San Agustín también existió un panteón de “Nuestra Señora de Balbanera” (sic), que había costeado la Hermandad de castellanos (recordemos, una vez más, que La Rioja entonces pertenecía a Castilla la Vieja).



En las obras de restauración de la iglesia de San Agustín llevadas a cabo en los años 2003 y 2004, aparecieron algunos sepulcros de cameranos, como el de los hijos pequeños de Manuel Agustín Heredia o el del hermano mayor del primer marqués de Larios, Manuel Domingo Larios, fallecido en 1830 a los 44 años.

Nosotros, por tradición oral, hemos oído de la existencia de un cuadro de la Virgen de Valvanera que se veneraba en la iglesia de los Mártires. Hemos intentado localizarlo y el sacristán recordaba haberlo visto colgado en la sacristía, porque era una reproducción estampada o fotográfica. Ya nadie sabe dónde está.

APÉNDICE: COMERCIANTES CAMERANOS EN CALLE NUEVA SEGÚN EL PADRÓN MUNICIPAL DEL AÑO 1865

Según el padrón municipal fechado el 20 de enero de 1865, conservado en el Archivo Municipal de Málaga, vivían en calle Nueva 201 varones y 146 hembras, sumando un total de 347 vecinos. En esta calle, la más comercial de Málaga, existían 68 números, de los que uno correspondía a la iglesia de la Concepción (el 29), otro estaba sin habitar (46) y otros tres habían pertenecido al camerano Luciano Martínez (28, 30 y 32), fallecido el año anterior. Estas tres últimas casas se habían derribado para construir el pasaje que aún hoy lleva su nombre, flanqueado por dos espectaculares edificios, uno a cada lado del citado pasaje.

Señalamos en el cuadro la procedencia de los dueños de los negocios, no dónde habían nacido, pues algunos de ellos eran naturales de Málaga aunque sus padres o ascendientes procedían de los Cameros. En algunos casos el pueblo de origen no pertenece a los Cameros pero sí a La Rioja (Berceo y Munilla). El pueblo con más emigrantes era Laguna de Cameros. En la lista constan al menos 21 nombres de cameranos que ocupan 26 números de la calle Nueva, esto contando solo con los titulares de los comercios y no con los dependientes, muchos de los cuales eran también riojanos. Si a ello sumamos los que constan nacidos en Málaga pero de origen camerano que no he podido localizar, podemos afirmar que más de la mitad de la calle más comercial de Málaga estaba tomada por los cameranos.

Llama la atención que estos ocupaban especialmente el final de la calle Nueva, próximo a la actual plaza de Félix Sáenz, entonces plaza de la Alhóndiga. Si comparamos este padrón de 1865 con el de cinco años antes, podemos sumar a la lista otros cuatro cameranos más: Fernando López Gómez, Gregorio González, Luciano Martínez y Santos García Gil. Era tal la cantidad de riojanos que habitaban la calle Nueva en 1860 que en este padrón el funcionario municipal se limitaba a señalar la procedencia “Cameros”, sin precisar más.


NÚMERO DE LA CALLE NUEVA
NOMBRE
EDAD
PROCEDENCIA
1
FRUCTUOSO MÁRTÍNEZ
36
MUNILLA
9 y 11
JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ MARTÍNEZ
65
LAGUNA DE CAMEROS
25
JOSÉ FRAILE
50
LAGUNA DE CAMEROS
33
ILDENFONSO GARCÍA
65
LAGUNA DE CAMEROS
45
PANTALEÓN GIMÉNEZ MARTÍNEZ
34
NESTARES
47
SIMEÓN GIMÉNEZ MARTÍNEZ
35
NESTARES
49
MIGUEL GARCÍA JIMÉNEZ
55
BERCEO
51
JULIÁN GARCÍA
34
LAGUNA DE CAMEROS
55
MELITÓN OLMO
34
ALMARZA DE CAMEROS
57
MATÍAS OLMO
32
ALMARZA DE CAMEROS
2 y 4
JUAN GÓMEZ GARCÍA
35
LAGUNA DE CAMEROS
10
DOMINGO FERNÁNDEZ
43
VADILLOS DE CAMEROS
12
MARTÍN DOMÍNGUEZ
38
RABANERA DE CAMEROS
22
DOMINGO ALFARO
49
LAGUNA DE CAMEROS
36 y 38
PEDRO GONZÁLEZ
40
PINILLOS DE CAMEROS
40
MANUEL ÁLVAREZ FONSECA
43
LAGUNA DE CAMEROS
42 y 44
FÉLIX JOSÉ GONZÁLEZ
41
PINILLOS DE CAMEROS
50
ANSELMO RUIZ
38
RABANERA DE CAMEROS
52
PABLO IBÁÑEZ
34
VILLOSLADA DE CAMEROS
54 y 56
LEANDRO GARCÍA
34
LAGUNA DE CAMEROS
60
MATÍAS BENITO SÁENZ
31
LAGUNA DE CAMEROS


NOTAS

9- HEREDIA FLORES, Víctor, La mirada recuperada. Memoria de mujeres en las calles malagueñas, Ayuntamiento de Málaga, 2007, página 81.
10- El Avisador Malagueño, 27 de julio de 1872.
11- Copio estos últimos párrafos, con algunos añadidos, de mi libro Comercios Históricos Malagueños, Ediciones Del Genal, Málaga, 2018, página 53.
12- Así, al menos, lo hacían en los comercios madrileños de la época. DEL REGUERO, Víctor: Madrid, aquel comercio, Ediciones La Librería, 2011, página 108.

BIBLIOGRAFÍA

ALLONA Y CAÑAS, Basilio: Ensayo de monografía histórica de Laguna de Cameros, Imprenta y Librería Moderna, 1925. Hay facsímil de editorial Maxtor, 2019.

CALVO TORRE, Roberto y REDONDO MORENO, Concepción: Hijos ilustres del Camero Viejo, Instituto de Estudios Riojanos, 2005.

HEREDIA GRUND, María Pía: Memorias de una nieta de don Manuel Agustín Heredia, Ayuntamiento de Málaga, 2011. (Edición original de Rivadeneyra, Madrid, 1955).

MÉRIDA, Domingo: 3.900 calles. Enciclopedia del callejero malagueño, Ayuntamiento de Málaga, 2004.

MUÑOZ MARTÍN, Manuel: Cameranos en Málaga en el siglo XIX, Revista Isla de Arriarán, número 7, Málaga, 1996, páginas 125-136.

MUÑOZ MARTÍN, Manuel: Los promotores de la economía malagueña del siglo XIX, Colegio de Economistas de Málaga y Fundación Unicaja, 2008.

MUÑOZ MARTÍN, Manuel: La Málaga de ayer, sus vecinos y sus hechos en el recuerdo, Ediciones del Genal, Málaga, 2016.

PAREJO, Antonio y otros: Grandes empresarios andaluces, LID Editorial, Madrid, 2011.

ROJO MORENO, Miguel y RUBIO DE TEJADA, Tomás: Los cameranos. Un viaje de ida y vuelta, Revista Péndulo, número 25, Málaga, 2014, páginas 138-154.

VICENTE ELÍAS, Luis: Trashumantes riojanos, Gobierno de la Rioja, 2003.

27/10/19

Apuntes para una historia de los cameranos en Málaga (2 de 3)

Por Fernando Alonso González

LAGUNA DE CAMEROS

Pertenece a la provincia de Logroño y al partido judicial de Torrecilla. Está cercado de ruinas, escondido entre abruptas montañas y orientado al sur, a 47 kilómetros de la capital, en la margen izquierda y no lejos del nacimiento del río Leza. Lo habitan quinientas cincuenta y tres almas. Tiene coche correo (auto), que no pasa del lugar. Su clima es delicioso en verano, pero nada suave en invierno. En algunos edificios campean los blasones de los hidalgos de Tejada y Valdeosera. No pocos enfermos, desahuciados por los médicos, recobran aquí la salud, merced a la pureza de sus alimentos y a la bondad de sus aguas2.

Bajando de Piqueras, el primer pueblo del Camero Viejo que nos encontramos es Laguna de Cameros, el pueblo de mi tatarabuelo, Pedro Alonso García, y el de los Larios, los Gómez, los Álvarez Fonseca, los de la Cámara, entre otros muchos. Laguna de Cameros es el epicentro de la emigración camerana a Málaga. Está a 47 kilómetros de Logroño y a 62 de Soria. Según afirmaba Pascual Madoz en 1850, sus 1.050 metros de altitud le proporcionan un clima frío en invierno, pero delicioso en verano.


Laguna de Cameros llama la atención del viajero por ser un pueblo serrano bello y armonioso, con macizas casas de piedra, bien conservadas, construidas con los buenos dineros que generaba la ganadería y adornadas con muchas flores, quizá contagiados de la abundancia de ellas que hay en las casas de Andalucía. Hasta aquí no ha llegado todavía el turismo. En la calle Mayor sobrevive en estado ruinoso la casa de los Larios, de donde estos salieron hacia Málaga, Gibraltar y Cádiz a principios del siglo XIX. Su actual propietario, según me contó, negocia actualmente con la familia su venta.




 Me dirijo a la iglesia de la Asunción, donde se custodia la pila bautismal, románica del siglo XII, en la que fueron bautizados muchos de nuestros antepasados. A pesar de ser la hora de la comida, me abre su párroco, Antonio Arnedo Martínez, que atiende además con generosidad cristiana y paciencia evangélica otras 22 parroquias, cuya larga lista les ahorraré. Es la España vacía. Me cuenta don Antonio que en invierno, con la nieve y el hielo, algunos días los desplazamientos son casi imposibles.
 


En Laguna de Cameros viven todo el año unos cuarenta vecinos, aunque están censados 116. Sin embargo, en verano pueden llegar a los doscientos, pero están lejos de los setecientos habitantes que tenía el pueblo en 1850. Sin duda, la época dorada de este pueblo riojano fue la primera mitad del siglo XVIII. En 1733 había en Laguna de Cameros 20 telares, 3 tintes y 3 batanes. Además el pueblo contaba con 23.407 cabezas de ganado trashumante y con 150 pastores que las guardan. Los vecinos que no eran ganaderos estaban empleados en las fábricas de paños, cuya bondad y calidad eran famosas.
 

Visitando el pequeño cementerio me llevo algunas sorpresas. En primer lugar, el apellido que predomina con claridad en las lápidas es el de Sáenz. Por otro lado, el mejor panteón del camposanto, visible desde la calle, es propiedad de la familia de la Cámara. Sus miembros emigraron en su mayoría a Málaga y a América. Sin embargo, allí fue enterrada en 1990 María Teresa de la Cámara Gálvez, fallecida en Málaga, lo que es prueba del amor por sus orígenes que tuvieron muchos cameranos. Según me dijeron en Laguna de Cameros, no es raro que se pasen por el pueblo algunos malagueños.

Pero, sin duda, lo que más atrajo mi atención fue la tumba que había en la misma entrada del cementerio. Lo hizo de manera poderosa. En ella yace una anónima maestra: “De las discípulas a su querida maestra”, reza la inscripción de la cruz que se levanta sobre su tumba. Esto merece que le dediquemos otro apartado.


LOS MAESTROS DE LAGUNA DE CAMEROS

En una de las dos plazas que tiene Laguna hay una estatua inaugurada en 1927 y dedicada a don Patricio Aguileta Salazar, que fue maestro en Laguna de Cameros durante 42 años (1875-1917). Sabemos que don Patricio recibió varias menciones de la inspección educativa por lo bien que preparaba a sus alumnos. Pero esto no es todo. En la otra plaza del pueblo, la de la Constitución, existen unos azulejos que recuerdan a otro vecino ilustre, don José de la Cámara y Moreno que, emigrado a Méjico, regaló en 1843 dos escuelas al pueblo, una para niños y otra para niñas. La placa destaca en el edificio donde estuvieron la escuelas. Pascual Madoz, que visitó Laguna de Cameros a mediados del siglo XIX, hablaba maravillas de esta escuela: grande, espaciosa, ventilada, con capacidad para cien alumnos, de las mejores de España, en una época en la que casi nadie estudiaba. En 1840 solo el 10% de la población española sabía leer y escribir. Sin embargo, en 1850 en Laguna de Cameros estudiaban 55 niños y 34 niñas y no había analfabetos. En otros pueblos de los Cameros existieron también otras escuelas similares, donadas por ricos emigrantes. Así, la que regaló Manuel Agustín Heredia a su pueblo, Rabanera de Cameros.


De ahí el agradecimiento de los cameranos hacia sus maestros que les dieron instrucción, permitiéndoles pasar de ser un humilde ganadero a un rico comerciante. Estos maestros enseñaron a muchos futuros emigrantes unas nociones básicas que, más adelante, pudieron poner en práctica en las situaciones que les deparó el destino. Formaban hombres para la vida.

También las niñas iban también a la escuela para aprender a leer y a escribir. Pensemos que la única manera que tenían de comunicarse con sus maridos, los nueve meses o más que estos pasaban fuera de casa, era mediante cartas. Por otro lado, también tenían que aprender las cuatro operaciones aritméticas para poder llevar la casa durante las largas ausencias de sus esposos. De ahí que ellas se sintiesen tan agradecidas que costeasen la tumba de su maestra, como vimos en el cementerio.

Basilio Allona y Cañas, párroco de Laguna de Cameros, afirmaba que “casi todos los padres de familia educaban a sus hijos con la intención de mandarlos al comercio. Los triunfos obtenidos por don Martín Larios servían de acicate a muchos jóvenes, que partían de Laguna con la ilusión de igualar en gloria y en riquezas a modelo tan insigne”.3


Solo conozco otro pueblo de España (Taramundi, en Asturias) que le haya dedicado una estatua a su maestro en una de sus plazas principales. Es prueba del agradecimiento y reconocimiento que muchos cameranos guardaban de sus maestros, a quienes tanto les debían.

CARÁCTER Y PERSONALIDAD DE LOS CAMERANOS

¿Cómo eran estos cameranos? Los romanos describieron ya el carácter y la personalidad de los pueblos celtíberos. Estrabón decía de ellos que hacían una sola comida, y frugal, al día y que se bañaban en invierno en agua fría. Trogo añadía que tenían preparado el ánimo para la muerte y el cuerpo para la abstinencia y la fatiga. Traigo a colación estas clásicas citas para demostrar cómo se ha mantenido a través de los tiempos una de las principales cualidades de los cameranos: la austeridad. Otros autores hablan de sus dotes para la enseñanza y la mercadería.

Físicamente, los cameranos destacaban por su piel blanca, sus ojos claros y su cabello rubio o pelirrojo. Soportaban mal el calor y el sol y eran amantes de los animales y de la Naturaleza. (Seguro que algunos de estos rasgos los reconocemos en algunos de nuestros antepasados).

Pero, para mí, si hay dos cualidades que definen a los cameranos son su capacidad para el trabajo y para el ahorro. Cuando llegaron a Málaga trabajaron sin descanso todos los días de la semana. El concepto de fin de semana es relativamente moderno y, evidentemente, los cameranos no lo conocían. No se solían tomar vacaciones. Además estaban dotados de un espíritu emprendedor y un fino olfato para los negocios que utilizaron para aprovechar al máximo todas las oportunidades que les ofrecía Málaga, su tierra de acogida. Finalmente, eran solidarios entre ellos y se ayudaban unos a otros no solo ofreciendo trabajo a sus paisanos, sino prestándoles dinero y apoyándoles cuando se establecían por su cuenta.

Antonio Parejo, que ha estudiado a los Larios en profundidad, afirmaba que “los cameranos disponían de unos conocimientos y una aptitud para los negocios que, en un medio en eclosión como era el malagueño de la época, les permitían convertirse rápidamente en referentes empresariales”.4

EL FIN DE LA MESTA Y DE LA TRASHUMANCIA: LOS CAMERANOS LLEGAN A MÁLAGA

A mediados del siglo XVIII la trashumancia y la Mesta empezaron su decadencia. Los ilustrados comenzaron a apostar por la agricultura en detrimento de la ganadería, imponiendo a esta nuevos tributos. Siempre se ha acusado a la Mesta de la desforestación de gran parte de la península, pues el ganado necesita gran cantidad de pasto para alimentarse. Si viajáramos a los Cameros en el siglo XVIII descubriríamos con sorpresa que sus montes, hoy poblados de pinos, robles y hayas, estaban pelados de vegetación. Además la Corona, necesitada como siempre de dinero, suprimió cada vez más algunos privilegios de la Mesta y legisló a favor de la agricultura. Con la llegada de Napoleón a la península, los franceses robaban las ovejas merinas para producir en su país la lana. Al principio, los pastores castraban a los terneros para evitarlo, pero se los llevaban a miles y hasta mejoraron la calidad de la lana.

El precio de la lana cayó y bajaron las exportaciones. La ganadería dejó de ser tan rentable y los Cameros comenzaron a vaciarse. Los ministros ilustrados creyeron que la sierra podría recuperar todo su esplendor dedicándola a la agricultura, para lo que era necesario convertir a los pastores en agricultores. ¡Agricultura en estas alturas! ¡Donde el invierno dura algunos años diez meses; donde un 24 de mayo de 1966 se heló en el puerto un mayoral, sorprendido por el frío; donde nevó5 ni más ni menos que un 30 de agosto de 1972...!

Al desaparecer la trashumancia, la vida en aquellos pueblos dejó de tener sentido y sus gentes se marcharon a otros sitios. Muchos cameranos, al estar nueve meses fuera de sus casas, se conocían mejor las tierras del sur que las suyas. Después de tantos años y de tantas generaciones emigrando anualmente al sur, es normal que se estableciesen vínculos, primero de amistad y, más tarde, familiares con sus habitantes. ¿Y a qué no saben dónde acababan las cañadas sorianas y riojanas? Efectivamente, en Andalucía. Aunque otros emigraron a Extremadura o a América (especialmente a Méjico, Argentina y Chile). Y los Cameros se quedaron vacíos. Tomás Rubio de Tejada, erudito e historiador local, me contó en Laguna de Cameros que la emigración que sufrió su pueblo en el siglo XIX fue tan fuerte, que los habitantes actuales del pueblo ya no son en su mayoría descendientes de los originarios, porque todos los hombres se acabaron marchando. En el año 2003 todavía quedaban dos rebaños trashumantes en los Cameros, hoy quién sabe si sobrevivirá alguno.

Muchos cameranos se vinieron a Málaga por las buenas perspectivas económicas que ofrecía y, sobre todo, por la presencia de otros paisanos que habían ido llegando desde el siglo XVIII y fueron abriendo camino. Los primeros cameranos que se establecieron en Málaga se encontraron una ciudad virgen y llena de posibilidades, que ya habían descubierto algunos avispados comerciantes de origen extranjero. En Málaga el clima era suave y no tan extremo como el de su tierra. Sus habitantes eran indolentes y tenían fama de entregarse a la pereza y a la vida muelle.

Los cameranos fueron llegando a Málaga en diferentes oleadas a lo largo de más de cien años. Los primeros lo hicieron ya entrado el siglo XVIII. Nosotros hemos registrado dos fases principales: una primera a finales del XVIII y primeros años del XIX, y otra segunda en torno a 1840-1850, coincidiendo quizá con la desaparición de la Mesta (1836). Aunque el goteo fue continuo. Miguel Rojo Moreno6 estima en unos 550 los cameranos arribados a Málaga y cita una lista con sus apellidos (que nosotros nos hemos tomado la libertad de completar y aún así seguirá incompleta):

Alcázar, Alfaro, Alonso, Álvarez, Benito, Calvo, de la Cámara, de los Riscos, Díaz de Tejada, Díez de Tejada, Domínguez, Elías, Enciso, Esteban, Fernández, Fraile, de la Fuente, García, Garrido, Giménez, Gregorio, Gómez, González, Gutiérrez, de las Heras, Heredia, Hernández de Tejada, Herreros de Tejada, Hurtado de Mendoza, Illera, Íñiguez, Jiménez, Larios, Lasanta, Lerdo, López, Lorenzo, Lozano, Llera, Marín, Martínez, Martínez de Tejada, Moreno, Mugüerza, Muro, Pascual, Portal, Rubio, Sáenz, Sáenz de Tejada, Sorzano, Tejada, Valle e Ysasi.

Es evidente que fueron muchos los cameranos que se establecieron en Málaga. El historiador Manuel Muñoz Martín7 llena en un artículo páginas y páginas nombrando a muchos de ellos, la mayoría procedentes de Laguna de Cameros. Fueron muchos los que se establecieron en las calles Nueva, San Juan y sus alrededores. Se dedicaron al comercio textil, que tan bien conocían por sus antepasados. Destaquemos que la calle Nueva era la más comercial de Málaga (aún no se había construido la calle Larios), y que en 1860 los cameranos controlaban casi el 50% de los comercios de esta calle.8

No todos los riojanos triunfaban y se adaptaban con tanta facilidad. Sabemos, por ejemplo, que Manuel Agustín Heredia se trajo a Málaga a su padre, Manuel Heredia Fernández, que se había quedado viudo en su pueblo y vivía solo. Permaneció un año con su hijo en nuestra ciudad y, finalmente, no consiguió aclimatarse. Se volvió a su pueblo, Rabanera de Cameros, donde murió en 1834.

Los cameranos nunca se olvidaron de su patria chica. Es más, siempre recordaron a través de las generaciones su procedencia con orgullo. Cuando he entrevistado a los descendientes de los Álvarez Fonseca o de Gómez Hermanos, aunque han transcurrido ya dos siglos, tienen presentes sus orígenes y los muestran con orgullo.


NOTAS

2- ALLONA Y CAÑAS, Basilio: Ensayo de monografía histórica de Laguna de Cameros, Imprenta y Librería Moderna, 1925, página 131. Don Basilio fue cura y párroco de Laguna de Cameros durante 33 años, entre 1900 y 1933.
3- Ibid., página 121.
4- PAREJO, Antonio y otros: Grandes empresarios andaluces, LID Editorial, Madrid, 2011, página 75.
5- Debo esta curiosa observación a mi amigo Elías de Mateo, que veranea cada año en Valdeavellano de Tera, en la provincia de Soria, al pie de la Sierra Cebollera, limítrofe con los Cameros. Este pueblo pertenece a la comarca de El Valle, desde donde emigraron a Málaga Braulio Aceña de las Heras, propietario del mejor ultramarinos de la Málaga de su época, o Manuel Sanz García, fundador de Los Alpes, de grato recuerdo para los malagueños.
6- ROJO MORENO, Miguel y RUBIO DE TEJADA, Tomás: Los cameranos. Un viaje de ida y vuelta, Revista Péndulo, número 25, Málaga, 2014, páginas 138-154.
7- MUÑOZ MARTÍN, Manuel: Cameranos en Málaga en el siglo XIX, Revista Isla de Arriarán, número 7, Málaga, 1996, páginas 125-136.
8- Véase apéndice al final del capítulo.