15/2/21

La librería de Pepe Negrete

Por José F. Domínguez Franco

En la calle Granada, muy cerca de la Iglesia de Santiago, casi enfrente, estaba la librería de Pepe Negrete. También recuerdo con nostalgia otras librerías que ya han desaparecido, como Denis o la Librería Ibérica, pero sin entrar en comparaciones, la de Pepe dejó en mí una huella imborrable.

Podríamos diferenciar muchos tipos de librerías, por su tamaño, por su especialización, etc. En este caso, no era ni muy grande, ni muy especializada, simplemente era una librería con personalidad propia. Era especial por la persona que la regentaba, Pepe Negrete.

Confieso que la primera vez fui por casualidad, por cercanía a mi domicilio. Tenía que comprar un libro como lectura para las clases de literatura, en mi barrio no había ninguna librería y alguien me habló de la suya, que no quedaba muy lejos de mi casa. La amabilidad y cercanía con la que me trató, hizo que para la compra de los siguientes libros volviera a acudir a la de Pepe.

Mostraba un conocimiento literario y editorial amplísimo. Daba igual la obra por la que se le preguntara, enseguida sabía decir si lo tenía o no -en caso de no tenerla te la encargaba- y la editorial o editoriales en que estaba publicada. Al principio, como decía, iba a comprar libros “obligado” por mis profesores, pero poco a poco, con su trato, sus preguntas y sus consejos, empezó a contagiarme el amor a la lectura. Ya no me conformaba con libros prescritos, sino que empecé a leer otras obras clásicas de la literatura, de las que él siempre me buscaba la edición más económica. Esos ejemplares de la Colección Austral con sus colores temáticos, editorial Ebro, Bruguera, y otras ya desaparecidas que solucionaban la vida a estudiantes con poco dinero. De este modo, además, llevó a cabo una labor formidable para difundir la cultura.

Tengo un amigo, gran bibliófilo, que también guarda en su memoria con cariño a Pepe Negrete. Ha viajado por todo el mundo, y visitado muchas librerías, pero me dice que Negrete era único, con sus vastos conocimientos, y su gran sencillez. Con su trato personal y cercano, hacía que te sintieras especial, te recomendaba qué leer en función de tus gustos, te asesoraba, y te buscaba el libro. Recuerda haberle pedido por ejemplo que le recomendara una traducción de Stendhal, y que le contestara ipso facto sin dudar un momento que Consuelo Berges era la mejor. Daba sentido y prestigio al oficio de librero. Hoy en día, desde la mercadotecnia se repite machaconamente el mantra de mejorar la “experiencia del cliente”, pero eso era algo que Pepe, así como otros muchos comercios tradicionales, ya tenían claro hace muchos años.

Recuerdo la ilusión de acercarme a su librería, en esa Málaga de principios de los ochenta, bajando la calle Granada desde la Plaza de la Merced. Allí solía estar siempre sentado con algún libro a mano en su pequeña librería. Como Montaigne en su torre, rodeado de libros. No se trataba de comprar el Cantar de Mío Cid, La Celestina o el Lazarillo de Tormes porque hubiera que hacer un trabajo para clase. Iba por el placer de la lectura y la magia de descubrir nuevos libros, a lo que él colaboraba gustoso. Cuanta felicidad… primero fue cualquier clásico de la literatura española: Lope de Vega, Quevedo, Calderón de la Barca, Gracián, Cervantes... o los grecolatinos. Avanzando en el tiempo, Larra, Espronceda, Pérez Galdós, Unamuno, Valle Inclán, Baroja, Machado… Y de ahí a otras épocas, países, formatos, culturas y temáticas. En definitiva, un viaje por un camino que afortunadamente no tiene fin, y por el que aún sigo transitando con la ilusión de aquel adolescente y realizando descubrimientos.

Todavía a veces, me gusta deambular sin rumbo, dando un paseo sin prisas, por calle Granada y otras adyacentes de la Málaga antigua, y casi puedo rememorar las sensaciones de aquellos años, y en ocasiones, por un segundo, tengo la impresión de que allí sigue la librería de Pepe Negrete.

En estos tiempos de rapidez y aceleración, de cuando en cuando vuelvo a los clásicos en busca de un remanso de paz. Frente al exceso de información en pantallas, incesantes zumbidos y entradas de notificaciones en nuestros dispositivos, frente a todo ese ruido, releer pasajes de obras clásicas, atemporales e imperecederas, serena el espíritu y ayuda a tener una visión más equilibrada de las cosas, a no perder la perspectiva, y a fortalecer nuestras dotes para el pensamiento crítico. De vez en cuando hay que parar para reposicionarse en el mundo. Me gusta coger aquellos libros que muestran en sus páginas el transcurso de los años, muchos de ellos adquiridos en la librería de Pepe, ajados por el paso del tiempo, con sus páginas oscurecidas, color parduzco o sepia, pero cargados de serenidad y sabiduría. Como en tantas otras cosas, los clásicos acertaban, y mejor mucho de algo bueno, en profundidad, que no muchas cosas (“multum, non multa”), como también recogió Lope en su inmortal soneto “Libros, quien os conoce y os entiende”.

Pepe Negrete falleció muy pronto, demasiado pronto, en 1987. Sólo puedo concluir diciendo que era una persona entrañable, que amaba los libros y que transmitía esa pasión a quien tuviera alguna predisposición al respecto. Muchas gracias, Pepe.

 

 

(Imagen tomada del siguiente enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/malaga/2020/10/25/malaga-libros-incontables-librerias-27396131.html)

24/8/20

Málaga y sus cines

Por José Mª. López Jiménez

El denominado provisionalmente como “Proyecto MLK”, promovido por el Instituto Econospérides, comenzó su andadura en la transición entre los lejanos años de 2018 y 2019. Desde entonces, se han ido acumulando aportaciones, e incluso se mantuvo una reunión presencial a mediados de 2019. 

A la espera de que la situación sanitaria permita el definitivo impulso del proyecto y su materialización, al menos, en forma de libro, nuestro propósito es el de seguir añadiendo referencias al blog del proyecto, como la presente, relacionada con los cines de Málaga, que puedan resultar de utilidad en la fase de ejecución.

En mi recuerdo, siempre he identificado la fachada norte de la plaza de Uncibay, en el tramo que hace esquina con la calle Casapalma, con un moderno edificio de oficinas algo fuera de lugar, y con la entrada a una discoteca (Plató, años atrás, Andén, más recientemente), por la que en alguna ocasión me dejé caer.

Sin embargo, hasta bien entrada la década de los 70 del pasado siglo, este entorno se definió por otra estética y por otra forma de diversión más refinada, representada por el cine. A ello se refiere Víctor Heredia en el artículo publicado en Sur el 20 de agosto de 2020 titulado “Málaga Cinema, cuando la modernidad se hizo popular”. En este artículo se da cuenta de la inauguración de esta sala en agosto de 1935, con la proyección de la cinta “La hermana San Sulpicio”, cuya referencia arquitectónica (el Movimiento Moderno) y su forma de barco y sus detalles marineros generaron la general adhesión popular. El proyecto se impulsó por Juan del Río, dueño del cercano Echegaray, con una inversión de 2,5 millones de las pesetas de entonces. El aforo del cine era de 1.830 localidades (938 en el patio de butacas y 892 en el anfiteatro). La proyección postrera fue la de “La túnica sagrada”, en 1974.

Con cita a María Pepa Lara, Heredia enumera diversas categorías de cines malagueños: cines de estreno (Goya, Echegaray, Petis Palais —más tarde, Alkázar—); teatros que proyectaban películas (Cervantes, Vital Aza, Lara); cines “veteranos” del Centro (Principal, Pascualini, Victoria); cines de verano (Las Delicias); y salas de barrio (Moderno, Rialto, Plus Ultra, Excelsior, Imperial Cinema, Cinema España).

Muchas de estas salas nos las llegué a conocer, y muy pocas de ellas permanecen, en una época en la que el mundo del cine se identifica necesariamente con las grandes salas de los centros comerciales, y poco más... El cine Albéniz es una “rara avis”, el último superviviente, que ofrece, además, cintas europeas y menos “hollywoodianas”.

Han llegado a 2020 teatros como el Cervantes y el Echegaray, que también guardan relación con el mundo del cine gracias al Festival de nuestra ciudad, que se ha convertido en una referencia nacional. También merece ser citado, en este sentido, el teatro Alameda (ahora, teatro del Soho), modernizado por el universal Antonio Banderas, uno de los grandes embajadores de Málaga y de sus expresiones culturales y sociales.

Los cines del Centro de Málaga llegaron a marcar nuestros años de juventud, como los de tantos, e incluso nos permiten recordar las películas que vimos en cada uno de ellos. Además de los mencionados Echegaray (“Kika”, “El rey león”, por ejemplo), Albéniz (“El juego de lágrimas”, “Drácula”, “Terminator 2”), hemos asistido a estrenos en el Astoria (“Titánic”, “Pulp Fiction”, “Instinto básico”) o en el Andalucía.

En la periferia del Centro, cómo no recordar el América Multicines (“Abierto hasta el amanecer”, “Historias del Kronen”, “Desperado”), donde por primera vez asistí a una sesión “golfa”, con hora de inicio a las 12 de la noche, en la que junto con la entrada y por el mismo precio se entregaba a cada asistente un refresco.

En cuanto a los cines de barrio, nunca olvidaré la Navidad en la que en el Coliseum asistí a “Regreso al futuro”, las tardes de los domingos, con mi hermano mayor, en el Regio (“Cuentos asombrosos”), o el Palacio del Cine, después reconvertido en bingo, donde no vi “Los bingueros” pero sí “El currante” (hay que aclarar que solo el inicio, pues, por alguna razón, mi abuelo Felipe y mi hermano Eduardo solo me dejaron presenciar las aventuras preliminares de Pajares y creo que también de Esteso, que aún mantengo grabadas a fuego en la memoria...).

Por último, y más ahora en esta época de pandemia, también vienen a la memoria recuerdos dulces de los cines de verano. El que más que marcó fue el de La Cala Del Moral (“Karate Kid”, “Los Goonies”, “Indiana Jones y el templo maldito”) y, en menor medida, el de El Rincón de la Victoria, con sus proyecciones dobles y sus asientos de hierro pintados de azul... 

El cine de verano de La Cala fue derribado para la construcción de un edificio con vistas al mar; en una segunda etapa, mucho más reciente, también pude asistir al nuevo cine de verano “Las Palmeras”, que, aunque sin actividad, todavía persiste. 

El Málaga Cinema echó el telón con “La túnica sagrada”, pero, puestos a soñar, ¿por qué no imaginar una resurrección de nuestros cines del Centro y de nuestros cines de verano?

 
 
 (Imagen tomada del archivo de la UMA: http://archivocti.uma.es/icaatom/index.php/HHCIz;isad?sf_culture=es)

3/5/20

“Comercios malagueños que dejaron huella”, de Fernando Alonso y Jorge Alonso

(Artículo publicado originariamente en el blog Todo son finanzas el día 3 de mayo de 2020)

Por José Mª López Jiménez

La crisis sanitaria nos obliga a redefinir la relación con el espacio y con el tiempo, el equilibrio entre lo urbano y lo rural, incluso a nosotros mismos.

Desde las ventanas y balcones nos duele contemplar las calles de nuestra ciudad, ayer repletas de confianza y de vida, de una actividad económica y mercantil fulgurante, hoy vacías.

El coronavirus nos ha obligado a revisar nuestros planes vitales y profesionales, la agenda y las prioridades. Uno de los proyectos más ilusionantes de 2020 era el provisionalmente llamado Proyecto Mlk, auspiciado por el Instituto Econospérides. A mediados de marzo se iba a desarrollar la reunión de trabajo que, en principio, serviría para impulsar definitivamente el proyecto. En cualquier caso, los avances han sido notables, como se puede comprobar si se visita su página web.

Por el contrario, apenas unos meses antes de la Gran Interrupción, en el lejano mes de noviembre de 2019, vio la luz “Comercios malagueños que dejaron huella”, de Fernando Alonso González, con la colaboración de Jorge Alonso Oliva, y con un objeto parcialmente coincidente con el de Proyecto Mlk, lo que denota el interés que despierta la historia de Málaga.

La obra ha sido editada por Promotora Cultural Malagueña, con la coordinación de Ediciones del Genal, la colaboración de Librerías Proteo y Prometeo, y el patrocinio de Edufinet (Edufiemp), el proyecto de educación financiera de la Fundación Unicaja y Unicaja Banco.


Se presentó, ante casi todas las familias que aparecen en el libro, en el salón de actos de Unicaja Banco de la Plaza de la Marina, el 22 de enero de 2020, con la intervención de José M. Domínguez, en su condición de Director del Proyecto Edufinet, previa a la de los dos autores. En el blog Tiempo Vivo se puede acceder a los principales aspectos de su exposición.

Si en “Comercios históricos malagueños” (aquí se puede leer nuestra reseña) Fernando Alonso se centró en establecimientos todavía vivos en el momento de su publicación (tristemente, algunos han desaparecido entre obra y obra), los de “Comercios malagueños que dejaron huella” forman parte de ese firmamento de tiendas e industrias definitivamente desaparecidas, pero que sirvieron para tejer los recuerdos y los sueños de quienes, en mayor o menor medida, los pudimos conocer.

Jorge Alonso, tras el apartado introductorio (“Fernando Alonso, un artesano de la memoria”) y el que sirve de broche final (“Regreso a la Ciudad del Paraíso”), se encarga, a través de breves comentarios intercalados a lo largo de la obra (el fútbol en Málaga, la vida en el Parque, el colegio de San Agustín, los cines de verano, los balcones…), de mostrar toda la fuerza de los indelebles sentimientos asociados a cada rincón y a cada manifestación de lo que fue nuestra ciudad antes de convertirse en una gran metrópoli.

El estudio de Fernando Alonso se basa en el análisis documental (entre otros archivos, del Díaz de Escovar, de la Fundación Unicaja) pero, sobre todo, en las entrevistas personales a los descendientes de quienes fueron titulares de todos estos comercios (el lector más atento me podrá encontrar en las páginas de la obra; gracias a Fernando, por otra parte, he descubierto que también podría tener raíces en Laguna de Cameros, en esa extraña pero fructífera conexión que une a La Rioja con Málaga, al ahorro con la inversión, a lo rural con lo urbano*).

En ocasiones, se deja ver en la obra una cierta amargura por la inadecuada gestión pública de la transformación de nuestra ciudad, que podría haber acelerado la pérdida de su carácter más propio y definitorio (en este sentido, véase el apartado “Al curioso lector”, págs. 19-22).

Se trata de un fenómeno que trasciende los límites de nuestro municipio, en una época en la que la globalización ha alcanzado, prácticamente, todos los rincones del planeta. Entre la preservación de la fisonomía más tradicional y el desarrollo económico y social se debe encontrar un punto de equilibrio, cuya efectiva realización no es solo responsabilidad del sector público, sino también del privado, y, por supuesto, de los propios ciudadanos, que con sus decisiones también contribuyen a conformar la apariencia y la esencia de una ciudad, nunca terminadas de perfilar del todo…

La crisis sanitaria nos sitúa ante un nuevo escenario, que bien podría llevarnos a echar de menos las grandes concentraciones de público en las calles del Centro, o la propia presencia turística. Hasta las opiniones más asentadas tienen que revisarse en estos momentos de cambio.

Como dice Jorge Alonso en la introducción, “… la ciudad más grande y distante de ahora, debe conocer y vincularse de todas las maneras, a la ciudad pequeña y encantadora de nuestros padres y abuelos, especialmente a aquel mundo proverbial y cercano de los comercios, si no queremos que se pierdan para siempre en la penosa deriva del olvido”.

La obra de Fernando Alonso y Jorge Alonso se presenta como imprescindible para quienes deseen conocer la realidad del comercio malagueño y de la ciudad en el periodo comprendido, aproximadamente, entre 1850 y 2020, y como un anclaje sólido para que sigamos creciendo sin olvidar de dónde venimos.

(*) Fernando Alonso enumera algunos de los apellidos malagueños con posible origen en la comarca camerana: Alcázar, Alfaro, Alonso, Álvarez, Benito, Calvo, de la Cámara, de los Riscos, Díaz de Tejada, Díez de Tejada, Domínguez, Elías, Enciso, Esteban, Fernández, Fraile, de la Fuente, García, Garrido, Giménez, Gregorio, Gómez, González, Gutiérrez, de las Heras, Heredia, Hernández de Tejada, Herreros de Tejada, Hurtado de Mendoza, Illera, Íñiguez, Jiménez, Larios, Lasanta, Lerdo, López, Lorenzo, Lozano, Llera, Marín, Martínez, Martínez de Tejada, Moreno, Mugüerza, Muro, Pascual, Portal, Rubio, Sáenz, Sáenz de Tejada, Sorzano, Tejada, Valle e Ysasi.
Para más detalle, nos remitimos al artículo de su autoría “Apuntes para una historia de los cameranos en Málaga (2 de 3)”, accesible en el blog del Proyecto Mlk.